Ni una menos y salvemos a los koalas: ¿tenemos identificado al enemigo?

Hace tres semanas que hablamos de Ni una menos en la sobremesa, en el bondi, en Twitter y hasta en las pausas de Bailando por un sueño. Qué sabemos, qué más podemos averiguar, qué decimos, qué no, cómo, en qué tono, ojo con lo de la pollera, busquemos otra foto: cómo contar la violencia contra las mujeres se discute en la redacción de Cosecha Roja hace cuatro años. Todos los días hay un caso para narrar y el desafío periodístico es no estigmatizar, respetar a la víctima y relatar desde una perspectiva de Derechos Humanos. Hace tres semanas pienso en cómo cubriremos la marcha del miércoles, si tiene sentido plantear el debate o si lo único importante es difundirlo. Pero decidí preguntarme: ¿Quiénes nos movilizamos? ¿Para qué vamos? ¿Alguien se opone? ¿A quién debemos combatir? ¿Tenemos un enemigo en común? ¿Tenemos un enemigo?

No nos conocemos. Nos vamos a encontrar en la misma plaza las que militaron toda su vida, las feministas que se suman ahora, los varones que se animan, las víctimas, los que creen que el Estado no hace nada, las que piensan que se hizo mucho, las acusadas de feminazi, mujeres con poder, mujeres con miedo, académicas, artistas, trabajadoras, escritoras, periodistas, pibas de barrio, señoras que fueron porque la vieron a Susana Giménez con el cartel.

Sabemos que en las ochenta marchas que habrá en el país nos unirá una consigna: no queremos ni una menos. Pero también que hay todavía mucho que no sabemos, que no estamos de acuerdo en todo y que la diversidad es virtud solamente si estamos dispuestos a sacarnos la careta y discutir, debatir, pelearnos y enfrentar el quilombo.

 

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