Garabombo
Qué persistente tentación es la de evocar, aquí y ahora, los grandes nombres y las maravillosas gestas que nos preceden —y que acuden a nuestra mente y a nuestro corazón—justo en este momento en que escribimos las líneas que habrán de poblar el artículo editorial del prirmer número de Garabombo. Si sofocamos la tentación de enumerarlos es sólo por el temor fundado de cometer la injusticia imperdonable de omitir alguno de aquellos nombres inmensos.
La revista cultural de la Universidad Nacional de Avellaneda se propone, desde ahora mismo, ofrecer un espacio de debate y de intercambio cultural intenso, en el más estimulante y desafiante escenario posible: el de la fundación de una universidad estatal, pública y gratuita que acepta, además, y como si todo eso no fuera ya bastante, el desafío mayor de erigirse como una universidad popular. Es decir, la más alta y exigente modalidad de la excelencia.
Con modesta determinación, pero conscientes del compromiso que nos cabe, habremos de intervenir en ese campo de batalla en el que hemos logrado reinsertar a la cultura y a la lengua para aportar en la lucha abierta por la construcción de sentidos. Es, precisamente, la exigencia de diversas visiones del mundo, muchas de ellas contrastantes o antagónicas entre sí, la que reclama esa disputa imprescindible, lejos de las torpes condenas al conflicto y enojosos desvíos del “natural” consenso. El pensamiento conservador ha buscado sistemáticamente imponer su proyecto hegemónico camuflándolo de orden natural de las cosas. Por eso, un primer y fundamental paso de la batalla de ideas, es develar aquello que aparece naturalizado restituyéndole su dimensión política que nos ayuda a leerlo como proyecto de organización de lo social.
He aquí una dimensión precisa y preciosa de la batalla cultural: la recuperación de la política como herramienta de transformación al servicio de los pueblos y la construcción de una verdadera hegemonía cultural, es decir de una visión del mundo que surja de las grandes mayorías, inspirada en las luchas centenarias de los pueblos nuestrosamericanos y de nuestras propias tradiciones nacionales y populares.
Garabombo Nro.1
Garabombo Nro.1Qué persistente tentación es la de evocar, aquí y ahora, los grandes nombres y las maravillosas gestas que nos preceden -y que acuden a nuestra mente y a nuestro corazón- justo en este momento en que escribimos las líneas que habrán de poblar el artículo editorial del primer número de Garabombo. Si sofocamos la tentación de enumerarlos es sólo por el temor fundado de cometer la injusticia imperdonable de omitir alguno de aquellos nombres inmensos.
La revista cultural de la Universidad Nacional de Avellaneda se propone, desde ahora mismo, ofrecer un espacio de debate y de intercambio cultural intenso, en el más estimulante y desafiante escenario posible: el de la fundación de una universidad estatal, pública y gratuita que acepta, además, y como si todo eso no fuera ya bastante, el desafío mayor de erigirse como una universidad popular. Es decir, la más alta y exigente modalidad de la excelencia.
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Garabombo Nro.2
Garabombo Nro.2El tiempo transcurrido desde la primavera en que Garabombo se presentaba en sociedad, hasta este otoño en que asoma su segundo capítulo, vino a confirmar, con latidos urgentes y desafíos que no dan tregua, su trazo fundante. El cambio de época, que no solo tenemos el privilegio de testimoniar, sino, sobre todo, que nos convoca a asumir la responsabilidad exigente y fascinante de ser protagonistas, ofrece pausas breves, en las que poder pensarlo mientras no dejamos de vivirlo, para volver a irrumpir con su ímpetu incesante.
Los meses que separan a aquel primer número del que se abre en estas páginas, fueron habitados por múltiples expresiones culturales, sociales y políticas que resultan imposibles de atrapar.
Entre ellas: el crecimiento infatigable de la Universidad, los miles de estudiantes que pueblan sus aulas, la apertura de una nueva sede, que nos llena de orgullo, los proyectos en curso para no detener la expansión, todos ellos constituyen jalones preciosos de un proyecto que no solo ha demostrado la justicia histórica de su andadura, sino que, además, se exige a sí mismo, cotidianamente, estar a la altura de su tiempo.
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Garabombo Nro.3
Garabombo Nro.3Somos contemporáneos privilegiados de un cambio de época. Las fuerzas de la historia, que tantas veces maduran de manera subterránea en lo profundo de la sociedad que se busca a sí misma, emergieron un mayo de hace diez años como un barredor de tristezas, para descuadernar el mapa del desaliento, de la desesperanza, de dolores que se renovaban -de manera creciente e impiadosa- día tras día, ensangrentando las calles y oscureciendo la mirada del futuro. Algo del orden de lo imprevisto se hacía presente, rompiendo aquella cadena de continuidades irrespirables, y venía a interpelar un relato totalitario y totalizante que procuraba -sin declararlo- sellar en su saga miserable el fin de la historia y la muerte de las ideologías, con la pretensión apenas disimulada de afirmar un modelo de dominación que se ilusionaban con proyectar hacia una eternidad inexorable.
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