Murió Carlos Busqued
Compartimos andanzas editoriales como compañeros de la Red de Editoriales de Universidades Nacionales argentinas, en un período en el que amasar sueños no era un ejercicio vano. Fuimos sus lectores, cuando el ingeniero mecánico recibido en la UTN llamó la atención de la escena literaria con Bajo un sol tremendo. Esa novela, finalista del Premio Herralde (un texto, precisamente, tremendo con el que se instaló para siempre en la escena literaria argentina) fue llevado al cine por Adrián Caetano bajo el título El otro hermano con las actuaciones de Daniel Hendler y Leonardo Sbaraglia.
Mientras maduraban otras obras, volvió a atraparnos con Magnetizado, un libro también disruptivo, con el que logró tensar los límites de lo literario, “borrar” su escritura y su estilo, para entregarnos un texto crudo y un personaje imborrable.
En más de una feria de libro compartida nos regaló su inigualable capacidad de narrador invencible. Atesoramos esos momentos para siempre como lo que fueron: la expresión vital de un observador implacable.
En la Feria del Libro de Guadalajara, por caso, los organizadores armaron una mesa de jóvenes escritorxs argentinos. Una mesa de lujo en la que Carlos Busqued tenía un lugar. Uno de estos escritores, expresó —como una manifestación de su propia experiencia— que el desafío de la creación literaria consistía en aprender a domar los desbocados caballos de la tormenta creativa para encausarlos en la obra de modo que pudieran expresarse en toda su potencia.
Carlos nunca abandonó, hasta que le tocó el turno de hablar, una cierta expresión de estupor. Luego de que lo presentaran dijo que, en su caso, los caballos desbocados de la creación jamás habían acudido a la cita… que apenas si tenía un jamelgo en caída libre, al que todas las mañanas le suplicaba que se levante, sacudiendo frente a sus ojos el paquete cada día más espeso de las cuentas por pagar…
Nos toca hoy el trago amargo de la despedida. Al compañero editor, al escritor que tanto tenía aún por decirnos, al amigo querido… tan insoportablemente temprano.
Carlos Zeta
UNDAV Ediciones


