Alquimia de un brebaje explosivo. El sacrificio y la fiesta, el odio y la crueldad
Por Claudio Véliz.
Sociólogo, docente e investigador (UNDAV-UBA).
Entre la antropología y el psicoanálisis
La idea de sacrificio alude a la exigencia de “hacer algo sagrado” (sacrum facere), honrar mediante una sanción sacralizada, ofrecer algo a una divinidad. Justamente por ello, nos remite a los relatos de la teología, la historia de las religiones, la antropología o la teoría psicoanalítica. En nuestras laicas sociedades del siglo XXI, este concepto podría resultar, a simple vista, anacrónico; sin embargo, su absoluta actualidad nos obliga a repensar o bien el eterno retorno de ciertas constantes antropológicas, o bien las muy complejas particularidades de un tiempo que nos animamos a definir como neofascista. En líneas generales, y siguiendo al filósofo francés René Girard, podríamos definir al sacrificio como “la repetición ritual de un crimen originario” (2012). Según este autor, cuando los humanos pierden su capacidad instintiva y son ganados por el deseo, quedan a expensas de la envidia que, a su vez, genera desorden y desunión; de este modo, la violencia se apodera de toda la comunidad que suele elegir una víctima sacrificial como condición para restablecer el orden y la armonía perdidos.



